Dando un paseo por San Nicolás del Puerto nos encontramos con esta sorpresa: un corderito recién nacido que se había perdido. Su madre lo había lavado después de nacer. Pero no sabemos por qué motivo lo había dejado sólo. Aún tenía restos de sangre en la cola y en el ombligo. Su madre, seguramente, acababa de cortar el cordón umbilical. Hugo no deja de mirar la sangre, está preocupadísimo. |
El corderito posando
con el tito Nardo |
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Mientras Hugo sigue preocupado por el estado de salud del cordero, éste le cuenta sus desventuras a Daniel. Y Daniel le responde: ¡Beeeeeeee! Es el principio de una buena amistad. |
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Ya son inseparables. Si Daniel se aleja, el corderito corre detrás de él. De vez en cuando Daniel se agacha para tranquilizarlo: "estamos buscando a tu mamá que te va a dar tetita".
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Echamos un buen rato buscando a su madre. No hubo forma de encontrarla y dejamos de buscarla. Unos pastores nos dijeron que no nos preocupáramos que la madre lo encontraría y que si la madre no aparecía, a las 5 venía el dueño. Así que la dejamos donde la habíamos encontrado, no sin cierta preocupación. Los niños seguían preguntando por el cordero cuando ya, en el coche, nos íbamos de San Nicolás. |